Erratic Plastic Blues

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Día VII

Sesión corta la de hoy. Como tengo poco tiempo, decido aparcar la carrocería y pegar la caja de cambios y el eje trasero al motor, y alguna que otra pieza chuminosa.

– ¿Lo de aparcar la carrocería lo dice porque es un coche?

– No, lo digo porque se me ha ocurrido tal cual y del tirón a mí solo. Y además, a usted ¿qué más le da?

– Pues también es verdad. Usted perdone.

El resto de la sesión busco fotos del interior y del color del motor, que ya se puede ir pintando. Encuentro una web donde explican muy bien la creación de la fábrica de Valladolid (F.A.S.A.) de donde vino a llegar a Almería el coche M-115428 que adquirió mi padre. Al principio nadie daba un duro por aquella fábrica, ni los propios lugareños, y hoy día sigue en la punta de lanza de la industria automovilística española. Qué bárbaro con la “punta de lanza”, cómo pincha.♦

Día VI

Otro día anodino que terminó cuando iba a empezar lo realmente difícil. Ayer creí que me quedaban menos marcas por terminar, pero se conoce que conté mal. No hubo tiempo para meterle mano a la carrocería. Para chulearme de las marcas las he elevado a cuadros de una exposición, aunque más bien parecen garito de hospicianos. ♦

 Día V

Poca cosa hoy. Un rato por la tarde para terminar de cubrir las últimas marcas negativas de los asientos traseros. Del tirón he tapado tambien las que hay en la filfa de radiador que trae la maqueta. El 4CV llevaba el radiador justo detrás del asiento trasero orientado hacia proa. Seguro que a mi padre se le recalentaría cada dos por tres en un clima subdesértico como el de Almería y provincia, al menos en verano.

El volante trae un bonito rechupe en todo el centro, que también cubro con masilla. El no usar ciano directamente me cuesta tener que enmasillar dos veces. Eso pasa por agonías. No hay que apenarse, queda todo un “maravilloso” interior de la carrocería con media docenita bien despachada de marcas y mi mano apenas llega para lijarlas. Deberían inventar el equivalente al palo de selfie del modelismo, que llegase a donde otros no podemos. Veremos cómo me las apaño, pero en peores plazas hemos toreado.♦

Día IV

El trabajo aprieta pero no ahoga lo suficiente como para no encontrar un rato para continuar. Hoy he tapado las numerosas marcas de expulsor de la carrocería, suelo, asiento trasero y cubierta trasera de acceso al motor. En estas dos últimas la tarea se hace completamente innecesaria porque no se verá nada desde fuera, no obstante, y como el día se presumía muy tranquilo (y lo fue), les he metido mano del tirón y al par que a las otras.

Ni me dan pánico ni suelo quejarme de estas marcas, por eso hago este tipo de maquetas. Soy de los que se interesan más por un tema que por la marca. Otros no pasan de hacer Tamiyas, para ahorrarse este trabajo, aunque no siempre puedan, claro. Lo que hagan otros no me compete, cada cual puede hacer de capa sayo y equivocarse como mejor le plazca, faltaría más.

Cabrearse con las marcas de eyector sirve de bien poco. El modelista que lo hace aún no ha comprendido que no es él quien las borra del plástico, sino que son ellas las que se dejan o no. Las marcas ponen a prueba no sólo la paciencia y el tesón del modelista, sino también eso que, copiando al inglés, llaman la resiliencia, que no viene a ser otra cosa que la resistencia ante las adversidades. Ser modelista “resiliente” no tiene mayor mérito ni virtud desde el momento en que uno se mete en estos fregados porque le da la gana. Hay quien se da mucho pisto porque le ha costado sacar petróleo de una caduca chusta barata o de un vacuoforme. Con el tiempo uno se da cuenta que en el campo del modelismo debe haber (puede que contando mal y tirando por bajo) hasta un 90% de pamplinas, mixtificaciones y chorradas de varia condición, la mayoría fruto del papanatismo, seguidismo y de la ignorancia. Todavía recuerdo aquella tontería suprema de un divo de la cosa que decía que las soldaduras no se oxidan. Se conoce que no había visto nunca ninguna. Fue el mismo que de muchachito-ángel-caído consideraba a los modelistas de 30 años muy viejos para esto. Ahora que más que rebasa la cuarentena alguien debería de recordarle que hace tiempo que debía estar jubilado.

Tapar marcas es una tarea ingrata, sucia y en muchas ocasiones hasta desgradecida porque cuando pintas, a tu maqueta se le ve la villanía a simple vista. En cierto momento llegué a pensar que con el tiempo todas me saldrían bien, pero veo que no hay manera. Ahora soy un animista convencido: creo que cada una es de su padre y de su madre, y que la única manera de aplacarlas es tratarlas como si te importaran una higa. A algunas las pillas despistadas y desaparecen, pero otras te ven el juego, dicen aquí estoy yo  y entonces vas apañado (Jehová las confunda).

– ¿Como les pasa a los toros, osos y otros animales bravíos de comportamientos erráticos?

– Sí, algo así.

Cuando termino de darle al manubrio me duelen los dedos, la mano, el brazo y el hombro. Los dedos, además, están llenos de forraje de la masilla y el plastico, arrugados de tanto mojar en agua. Los genitales también pueden acabar hinchados, pero ya digo que ese no es mi caso, afortunadamente. La cabeza sigue en su sitio porque todo este proceso, que en la industria se llama mecanizado de una pieza, da para pensar en miles de cosas sin solución de continuidad. Siempre suelo acordarme mucho de mi entrañable Juan Villalonga, que no sé ni por dónde andará. Imagino que me ve y me dice esto o algo parecido:

– ¡Jesús!¡Coño! ¿Esto lo has hecho tú?

– Pues sí, ya ves qué gilipollez.

– ¡Joer!

Juan Villalonga es futbolero de pro. Aún recuerdo cuando alguien le comentó las declaraciones contra el equipo español que el ex barcelonista Hristo Stoichkov había hecho en el Mundial de 1998 en el que jugábamos contra Bulgaria. La gente estaba indignada, Juan se limitó a comentar:

– Normal, es un gitano…

Quizá confundió gitano con zíngaro, que viene a ser lo mismo pero suena más a Europa del Este y pañuelo de cuatro nudos en las esquinas. Menudo es Juan. La historia tuvo final feliz porque ganó España por 6-1 y perdió más adelante como teníamos por costumbre.

La cabeza lleva su ritmo y la mano el suyo. Recuerdo cosas por hacer y otras que pasaron hace mucho tiempo, parecen milenios. Sin música, como hoy que prefiero el silencio, la cabeza habla más alto y claro. La mesa acaba cual palo de gallinero y toca limpiar. El modelismo es una guarrería, a mí que no me digan. Entre la mierda que suelta y los productos químicos que se emplean, no debería extrañar que algún día alguien escriba un libro sobre enfermedades “profesionales” del modelista. Por hoy se han terminado mis soliloquios sin cicumloquios.♦

Día III

diariodeplástico2Al contrario que ayer, le dedico menos y avanzo más. Esto no hay quien lo entienda. Termino el motor. El ventilador lo va a poner su padre… ¿Y luego cómo pinto las correas? Al carajo, lo pongo en un palillo de dientes. Lo pintaré aparte y lo pegaré después de pintar el motor. Bueno, esto está listo y con alguna pieza mal pegada, marca de la casa, como debe ser. Voy a aprovechar estos minutos antes del papeo para cortar y limpiar las llantas. Resulta fácil, con lo que me costó limpiar las de la cajoneta… Vaya asiento, debía de quedársete el culo como un sideral. Nunca supe lo que es un sideral (sustantivo), pero mi padre lo decía a menudo. Vaya usted a saber. Si pilla un asiento así la Concha, lo deja lleno de cráteres a base de cuescarse viva. Valiente pedorra.

Coño, cohetes. Ah, que es el Corpus. Hoy no es jueves, pero da igual, el caso es celebrar algo. Allá va la procesión, no falta detalle: cura, palio, banda de música, qué bárbaro.Unas señoronas muy peripuestas llevan cirios rojos enormes que tienen algo de fálico. Los vejetes de chaqueta no los llevan. La de punta irónica que se le puede sacar a todo. La banda ameniza la procesión del santísimo tocando el Blowing in the Wind de Dylan con algunos compases cambiados para despistar, supongo. Qué gracia. Si la fe es creer en lo que no se ve y luego resulta que la respuesta está en el viento… No, definitivamente esto no hay quien lo entienda. Va a tener razón el maestro Shakespeare cuando dijo que la vida no es más que un porro tremendo. En la última fila de la banda, un gordo serio y algo terne le da al bombo sin mucha fe. En una de estas, se le escapa la maza como un misil y allá cabezas. Hay otro gordo con bombardino. Algún día habrá que realizar un estudio profundo sobre por qué  a tantos gordos les tiran estos instrumentos.  Un gordo con trompeta, violín o triángulo no luce igual. Dónde va. Tocan el himno nacional al santísimo. Uno se acuerda de la mili. Himnos y banderas, no hay otra cosa en la que pensar en España. La vida sigue igual.

Por la tarde me acuerdo de Lorena, y yo que la hacía en la playa… Eso le pasa por tener un corazón tan grande y generoso. Le debo una maqueta a la que le falta un empujoncillo tan sólo.♦

Día II

Le dedico buena parte de la mañana y de la tarde. Sigo limpiando y pegando cacharritos varios al motor. Empiezo los asientos, vaya filfa, de formas andan medio qué, pero llevan más líneas de molde que el metro de Londres. Con razón decían el otro día en Scalemates que la maqueta es del año 1979, se nota. Hasta ahora, pocas marcas que rellenar y ajuste bueno sin alaracas. Echo mucho tiempo y avanzo poco y a retazos. Ya vendrán días mejores.

Me pongo música un rato. Todavía no había terminado de escuchar el doble CD de Roxette. No es que me disloquen, pero bueno, tienen algunas canciones chulas. Algunas incluso muy buenas. Se nota que ella cantaba mucho mejor que él, dónde va. Él no tenía voz alguna, parecía un grillo tísico. Con cierta resignación, le corto el cuello a Roxette antes de llegar al último tema, y me pongo a Springsteen a ver si me ilumino las mientes. Tres-cuatro canciones y acabo quitándolo por falta de convencimiento. Hoy no es el día. Hasta otro ratillo, Bruce.♦

Día I

diariodeplástico1Hoy, onomástica de San Bernardino de Siena, santo que predicó contra los sodomitas y cuyo sepulcro manó sangre en Aquila hasta que las facciones enfrentadas en la ciudad acallaron sus disputas, comienzo esta maqueta. San Bernardino es santo que ampara a los publicistas y comunicadores y protege contra la ludopatía y las enfermedades respiratorias. Amén.

La maqueta, que bautizaré Tortugueto, va dedicada a otro Bernardino, mi padre, otro santo varón que a falta de altar es venerado en la memoria de su familia. Pasó por este mundo sin hacer mal a nadie y repartiendo el bien a conocidos y desconocidos. De natural simpático y decidor, fue futbolista de joven y futbolero el resto de su vida, el mejor conductor que uno haya visto y el mejor padre que un crío puede desear.

– ¿Y por qué no pone usted  locuaz en lugar de decidor?

– Porque no me sale y a usted no le importa.

– Dispense.

Tanto bien repartió mi padre Bernardino, que en una ocasión salvó a un crío de morir ahogado en una playa abderitana siendo él todavía adolescente. Debió de ser antes de la guerra, por el 34 o así. Las autoridades le quisieron dar una medalla, pero mi abuelo se negó. Vaya usted a saber el motivo, el caso es que se quedó sin ella. Quizá pensó que aquello no tenía mayor mérito ni merecimiento. A lo mejor también pudo pensar que el niño en cuestión bien podría haberse bañado como él, atando un extremo de una buena soga a su cintura y el otro uncido a su burro Napoleón.

– ¡¡Napoleón!! ¡¡Tira!!.

Y Napoleón tiraba playa arriba y mi abuelo salía del agua. Así cualquiera, ¿verdad usted?

– Y que lo diga.

Hacia finales de los años 50 del siglo pasado, mi padre adquirió de segunda mano un Renault 4 CV, que él siempre llamó “cuatro-cuatro”, muy parecido a la maqueta de Heller, casi idéntico. Fue su primer coche y, obviamente, no el único. Luego vinieron un Citroën 2 CV, un SIMCA 1000 (Société Industrielle de Mecanique et de Carosserie Automobile) que tuvo poco tiempo y al que le salió junto a una de las ventanillas traseras unas pompas de óxido que recordaban a la clara de un huevo frito, un SEAT 124 (todos también usados), un Renault 12 Familiar (AL-0996-B, el único nuevo y el que tuvo mayor vida. Atendía por Pimentico), y por último un Renault 9 con aire acondicionado que resultó más malo que las escopetitas de la feria. Le saltaba el termostato y aquello se paraba donde le parecía. Valiente cascarria, y eso que había sido de un director de banco que casi no lo conducía. Se conoce que no le gustaban los coches.
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Hoy sólo limpio y pego cuatro piezas. La 48 con la 49 (el motor propiamente dicho), y la 50 con la 51, correspondientes a la caja de cambios. With this and a cake, until tomorrow at 8. Ya veremos en qué para todo esto.♦