Archivo de la categoría: Apátridas

Let’s play ball…

Sin tiempo para la diversión por ahora, pero la vida sigue teniendo banda sonora mientras uno reparte juego por bandas. Esta, por ejemplo: un entrante del nuevo álbum de la banda que se publica en diciembre. Caña al día.♦

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10 años de j-models

Este año que comienza cumple j-models su primera década en marzo. Cómo pasa el tiempo. Desde los inicios en 2004 ha visto varios cambios de aspecto y contenidos, pero siempre mantuve, pese a todo, las secciones con las que nació.

El tinglado no es cosa sólo mía, es mucho más de colaboradores, lectores y visitantes. Mi parte consiste en ponerle las horas, la dedicación y la perseverancia (esa que parezco no ser capaz de darle a mis maquetas) año a año. No hay más secretos. Bueno, algo más hay que he aprendido con el tiempo: no desesperar en los momentos malos (cuando el personal abandona)  y de no abusar en los buenos (cuando se atropellan a la entrada). Ya lo dijo Kipling: tratar a los dos impostores (éxito-fracaso) de la misma forma.

Como en la vida real no virtual, el hecho de ponerle a algo tiempo y ganas no asegura que lo que haces le pueda interesar a alguien ni que te salga bien. Ni tampoco hay ninguna ley de las compensaciones que diga que ha ser así. Me hace gracia cuando el personal, sobre todo del mundo artístico o paraartístico, se descuelga con un (por ejemplo):

– Este libro me ha costado 5 años escribirlo y me ha costado un esfuerzo personal enorme. Me ha dejado exhausto (barra -a),

o:

– Este cuadro ha sido muy complejo de realizar y he tenido que invertir mucho tiempo para poder acabarlo.

Más aún (esto suena más cercano):

– En esta maqueta he empleado mucho tiempo porque es extraordinariamente difícil de montar y no digamos de pintar. He tenido que sacar lo mejor que tengo para poder terminarla.

¿Y por qué regla de tres habríamos de comprarte el libro, admirar tu cuadro o reverenciar tu maqueta, so cojonato? ¿Porque te ha llevado mucho tiempo y esfuerzo a ti? ¿Sólo por eso? ¿Y qué? A lo mejor has perdido miserablememte tu tiempo y esfuerzo. A lo mejor resulta que simplemente no me gusta o no me interesa tu propuesta. Esta forma de venderse es realmente fútil e inane, pero el personal, que mayoritariamente traga ruedas de molino, se pone breva-mohíno y cuela. De todas formas el embeleco tiene las veces contadas. No se puede abusar y hay quien lo hace con una falta de conocimiento realmente sorprendente. A la tercera vez con el cuento del tiempo, esfuerzo y la poca chicha en el producto (que es de lo que en realidad se trata, por eso hay que envolverlo como se hace), la cosa se desinfla. En fin, que cada cual se equivoque solo.

Para no cansar y sobre todo para que no empiece a asomar por el horizonte el tábano de la complacencia y el autobombo, dejo este enlace a una entrada anterior de esta bitácora donde cuento más sobre los tingladillos de la web en estos años. Lo que allí puse sigue siendo válido hoy.♦

[Nota: rebuscando por ahí, me encuentro con algunos de aquellos “banners” mareantes que hacía en los comienzos. Aquí los dejo con la advertencia de que provocan dolor de cabeza y ponen los ojos como chirivitas. Vale.]

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Un año que se va

Y otro que llega. Te deseo, lector, lo mejor para 2014. Lo mejor para cada quisque pueden ser cosas distintas: encontrar trabajo, ser un poco más feliz, que te toque de una puñetera vez la lotería, que se desaloje el patio político de vividores y desahogados y se llene de otro personal con ganas de trabajar y servir, o que acabe la crisis aunque sea de puro aburrimiento, consumida en su propia grisura.

También para un aficionado modelista lo mejor puede ser acabar cuantas más maquetas, mejor. Y además que sean de esas que terminan gustándote al principio, en medio y al final. Esas que salen casi del tirón y con las ideas muy claras. Y la ilusión de empezar otras, nuevos proyectos en el alero, quizá largo tiempo acariciados. Y con el deseo de que hagas muchas maquetas va de suyo el de que tengas ese tiempo dorado que las hace posibles. En muchas ocasiones el tiempo es más que oro, y hoy más.

Para mi 2013 no ha sido tan malo-malísimo como los inmediatos anteriores. Tampoco para tirar cohetes, claro. En los tiempos que corren algunas comparaciones hay que hacerlas por lo bajo, no por lo de arriba. “Este año no ha sido tan malo como…”, en lugar de “no ha sido tan bueno como…” Es lo que hay por ahora. Conforme me hago más mayor, trabajo mucho más y gano bastante menos. Por las mismas cosas hago un gasto extra de energía. Pero también (cosa curiosa) soy más rebelde, menos sedentario y más inquieto que cuando tenía 20 años. Algún cable fuera de sitio, nada que ver con la viagra y otros sucedáneos placebos de ilusiones vanas.

Este 2013 he pasado largas semanas (a mí se me han hecho largas) y unos pocos meses casi completos sin tocar plástico, pero me he dado cuenta con cierto asombro que lo que se aprende en este negociado ya no se olvida. Como montar en bicicleta. Luego han llegado arrebatos, de esos de protagonista de novela de Walter Scott. No he terminado sino una maqueta, pero tengo la mesa llena de esas del tipo “a punto de”. Ojalá vean la luz pronto.  Y si no salen como esperaba, me aplicaré, como hago siempre, estas palabras que encontré en un prólogo de Chaves Nogales:

Admito la posibilidad de equivocarme […] Alguna vez, lleno de buena fe y concentrando todas las potencias de su alma, uno se atreve a pronunciar la palabra mágica de Keysserling. Desgraciadamente, uno dice “sésamo” y la puerta no se abre.

Pero esto es tan consuetudinario que no hay por qué entristecerse ni avergonzarse. Uno se mete las manos en los bolsillos y se va.

Recuperemos la ilusión de las cosas por sí mismas, sin más porqués. Sin la presión de foros, concursos, medallitas o del qué diran. Como la de este pequeño zampabollos filipino con su KV-1 que aquí dejo a cambio de tu sonrisa.

startyoungCada año, cada día, es un don. No debemos olvidarlo. Feliz Nochevieja, lector.♦

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Sobre la publicidad en Scalaria

Soy de los cada vez más escasos juntaletras que creen que al lector no se le debe engañar ni darle gato escabechado por liebre lustrosa, especialmente cuando le dedica su tiempo a lo que tú haces, por escaso que sea. Me acabo de enterar mientras preparaba nuevos contenidos (es mucho llamar eso de “contenidos”, pero bueno, contenidos en todas las acepciones, sí que están) que WordPress ha comenzado, (o está a punto de hacerlo) a introducir publicidad al pie de cada entrada. El mensaje en concreto dice lo sigue:

Occasionally, some of your visitors may see an advertisement here.

[De vez en cuando, algunos de sus visitantes podrán ver un anuncio aquí]

Me explican en su web que, ya que no estoy apuntado a su programa para ganar dinero con la publicidad, ni tampoco he pagado su otro programa para no tenerla, es lo que hay. Hasta el presente Scalaria me cuesta únicamente el tiempo que le dedico, y no es poco. Entiendo que las empresas son empresas y no monjas teresianas y que no viven del aire.

El lector debe saber que no estoy dispuesto (ni lo he estado nunca) a ganar dinero, por poco que sea, con esta bitácora ni con el modelismo. Las novedades que aparecen aquí me las curro yo solito, y las publico porque creo que al lector le pueden interesar como a mí. Los anuncios de tiendas que aparece debajo de Motu proprio los incluí  para corresponder, dentro de mis modestas posibilidades, a personas que me han tratado bien. Por toda la publicidad gratuita, modesta (esto no es Hyperscale) pero de balde, no recibo ni un ochavo a cambio. También debe saber que tampoco quiero pagar por librarme (y librar a los lectores, de paso) de los molestos anuncios. Desafortunadamente (o acaso no tanto), no nací rey, jerarca ni príncipe de las mareas. Ni soy rico por mi casa, ni me enchufaron a un ERE, ni cobro sobresueldos por hacer de político, ni me jubilé anticipadamente para que otros curren para mí. Como cada vez menos personas, sólo tengo un trabajo, pago impuestos hasta por respirar para que otros se los coman sin dar palo al agua y abono también el marrón de la crisis sin haber estado de fiestorro los años previos a ella. Ya que no trago ni de una manera ni de la otra, ineludiblemente aparecerá publicidad en esta bitácora. No sé si será mucha o poca, si anunciará pañales, porquerías para adelgazar, maquetas o titis en bolas, pero haberla la habrá.

Esperaré a ver cómo evoluciona este asunto. Mientras la publicidad no sea muy molesta o grosera, seguiré en WordPress el tiempo que pueda o me dejen. De pasarse de la raya, quizá me vea obligado a cerrar este chiringuito y a comenzar en otro lado. Tampoco sería la primera vez. Serás avisado oportunamente, lector.♦

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¿Azul o verde? Depende

Transcribo parte de un interesante artículo de Guillermo Llona publicado en el ABC digital hoy. Surgen muchas explicaciones (y más preguntas también) sobre el color aotake, imprimación usada en el interior de los aviones japoneses en la Segunda Guerra Mundial. ¿Y si después de tanta polémica resulta que el asunto no pasa de ser una simple cuestión lingüística y antropológica?

¿Por qué cuando el semáforo se pone en verde los japoneses lo ven azul?

El nombre que el ser humano da a los colores condiciona su percepción de la realidad
«Ao» versus «midori»

Junto con los números, los colores son una de las primeras cosas que se aprende al estudiar una lengua. Héctor «Kirai» García, autor de «Un geek en Japón», recuerda la siguiente anécdota de sus primeros días en el país asiático: «Un día un japonés me dijo “vamos a cruzar, que el semáforo ya se ha puesto en ao (azul)”. Yo pensé “¿ao no era azul?”. No le presté mucha atención, pero cuando volví a oír a alguien decir que el semáforo cambiaba a color azul me empecé a mosquear». El alicantino, que vive en Tokio desde 2004, descubrió más adelante que para los japoneses el color verde de los semáforos no es «midori» (verde), sino «ao» (azul).

En la lengua japonesa no existió una palabra para el color verde hasta que hace un milenio se introdujo el término «midori». Hasta entonces verde y azul habían sido el mismo color, el azul. Pero la inclusión de la nueva palabra no logró cambiar la costumbre de los japoneses, que pasaron del «midori». Tal y como hacían sus antepasados, los nipones afirman que son azules muchas cosas que en occidente se ven verdes. «Hoy en día se sigue utilizando “ao” en palabras como “aoba” (hoja azul), “ao ringo” (manzana azul), “ao shingo” (semáforo azul) o “aona” (verduras azules)», explica Héctor García.

Tal y como cuenta en su blog, cuando se colocó el primer semáforo en Japón, en el año 1930, la ley fijó que se podía cruzar en verde, pero como los nipones continuaron utilizando el término azul para referirse al color que permitía el paso, tras la Segunda Guerra Mundial la norma se adaptó a su tozudez y pasó a decir que se podía cruzar cuando la luz cambiase a «ao». Con el tiempo el lenguaje de los japoneses ha influido tanto en la realidad que el color que permite el paso se ha ido azulando. «Algunos son verdes azulados, otros son turquesas y otros son tan verdes como un pepino», explica «Kirai».

«Cuando alguien está enfermo y pálido decimos que tiene la cara blanca, pero para los japoneses la tendría azul. Para nosotros la fruta que aún no está madura está verde, para ellos, azul», afirma el alicantino.♦

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Dos minutos y Bron-Yr-Aur

Lo mínimo necesario para coger un poco de aire en la lucha por la vida. Bron-Yr-Aur de Led Zeppelin, tema que el grupo grabó en la casita de campo galesa del mismo nombre donde se recluyeron sus cuatro componentes para hacer los temas de su álbum Physical Graffitti. Especialmente dedicada a Joaquín García Gázquez.♦

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Adios “Wicho”

No me gusta salirme de la línea que me he marcado en esta bitácora, pero hay ocasiones en que no queda más remedio si uno no quiere perder el sentido de la realidad y de la humanidad. Ya me aguanté el otro día con la tragedia en Lorca. Día triste también hoy: se fue Antonio “El Wicho”. Escribí un recuerdo de él, que no conservo, en el otro blog. Se fue como vivió, en brazos de la droga.

Malditos sean los que la producen, mercadean, toleran, fomentan o hacen la vista gorda ante ella. Alguien tendrá que escribir algún día la vergonzosa historia de la tolerancia y hasta el fomento de la droga en España a partir de finales de los años 70, los locos 80 y hasta hoy. Qué guay fumarse un canuto y escuchar a Pink Floyd… Y si no, un pico con un poco de ladrillo machacado. O mejor una rayita. Qué de gente muerta o colgada para siempre, familias destrozadas y dolor infinito. Recuerdo una viñeta de El Roto donde un personaje tirado en el suelo de cuyo brazo colgaba una jeringuilla decía: “Todas las venas acaban en un banco”. Me impactó tanto, que lo guardé y aún lo conservo.

Descansa por fin en paz, Antonio.

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