Las viejas maquetas (I)

En la sociedad de la trivialidad en la que vivimos ahora, cualquier mediopelo cagatintas se hace héroe por un día en el globo de las redes suciales con un meme, un comentario ridículo o lleno de bilis, una cuchufleta o directamente con una gilipollez salida de su parco magín, que además no resulta ni original. Que cada cual se equivoque solo. A la vista del lector está que no me gusta ni mucho ni poco dar ciertos detalles de mi vida que, aparte de carecer del menor interés, no le incumben sino al menda lerenda que esto escribe. Por ese motivo, entre otros, nunca he escrito, por ejemplo, sobre mis viejas maquetas. Hoy he decidido que voy a dedicar unas entradas al tema como mera curiosidad, sin sentimentalismos baratos. La nostalgia y la añoranza me parecen sensaciones (más que sentimientos) perfectamente inútiles y prescindibles, que sólo causan desazón y dolor desde el fondo del pozo del pasado, y desde luego no remediarán (ni jamás lo han hecho) nada en el presente. No sé si cualquier tiempo pasado fue mejor ni, la verdad, me importa mucho para vivir. Creo que en la vida hay que jugar con las cartas que a uno le van saliendo. Las de partidas anteriores no vienen a cuento y sirven, tampoco siempre, para lamernos las cornadas que vamos recibiendo y aprender a capearlas en el próximo lance, si es que se puede.

Aquellas maquetas, con honrosas excepciones, no tenían nada de mágico, ni fantástico, ni fueron a concursos (bendito sea, desconocía que los había), ni salieron jamás de casa, ni supusieron un cambio tal en mi vida, que a partir de entonces fui otra persona, como afirma algún extasiado salido de madre. Tan poco fueron, que al cabo de unos años,  cuando comenzó a salirme bozo en la cara, pensé que las mujeres eran mejor invento que las maquetas (si bien más difíciles de trajinar)  y abandoné los plásticos. Unas se perdieron en el transcurrir de los años, vaya usted a saber qué fue de ellas, y otras aún las conservo por mor de tener algo curioso del pasado. Andan en la misma categoría que los trozos de terra sigilata, fragmentos de vidrio y cerámica romana o las pesas de telar que guardo en algún lugar de cuando me dio por hacer de arqueólogo aficionado y pasar de los libros a la acción. A punto estuvo de costarme cara la afición con unos gitanos en Lora del Río. Valiente Indiana Jones de leche…

Dicen que recordar es volver a vivir. Yo me permito dudarlo y no creo que sea revivir. Al menos, de idéntica forma. Si lo vivido fuese un río (a su manera lo es), deberíamos tomar consejo del viejo Heráclito, que nos enseñó que en los mismos cauces entramos y no entramos, siendo los mismos y diferentes a la vez. No se vuelven a vivir los recuerdos de la misma manera, por mucho que nos empeñemos. Cada vez que uno rememora cualquier tipo de pasado (un color, un lugar, una persona, unas palabras, etc.) el recuerdo mismo puede ser distinto al de la última vez que volvimos a él porque somos a cada momento distintos. Ni siquiera sabemos por qué motivo unos recuerdos o detalles de ellos se graban a fuego en la memoria y otros se hacen volubles e inasibles. Me refiero, naturalmente, a esos recuerdos de andar por casa que cada quisque tiene, y no a los provocados por situaciones extremas tanto buenas como malas (el día que te tocó la lotería o aquel momento en que estuviste a punto de espicharla en una vulgar carretera comarcal). De lo anterior se deduce que los detalles que aquí escriba bien podrían haber sucedido de otra manera y en otro orden, incluso puede que falte alguna maqueta. Intentaré ser fiel a la memoria infiel, a ver lo que da de sí.

 viejasmaquetas1Curiosamente, la imagen de mi primera maqueta ha sido la última que he logrado encontrar en internet. Y ello se debe a que equivoqué la marca y la escala durante mucho tiempo (volvemos a lo de los recuerdos de antes). No era de Fujimi a escala 1/72, sino de Bandai a 1/48. Recordaba en parte la caja con fondo blanco, pero no las instrucciones. La recuerdo como una maqueta la mar de buena, fina y con detalle para la época. Incluía 3 figuras de soldados y calcas del Afrika Korps. No era barata, pero estaba bien presentada en bolsas separadas y en las instrucciones se veía un diorama tipo Verlinden con palmeras al fondo. Recuerdo que también incluían instrucciones para realizar el suelo del diorama. Mi poco inglés del colegio apenas me permitía entender algunas cosas. No estuvo nada mal para empezar.

viejasmaquetas2Luego vinieron las de Monogram a escala 1/32, para mí una pasada de grandes. Resultaban chulas de montar aunque carecen de finura para el refinado gusto de hoy. Me costaban muchos meses de ahorro (peseta a peseta, duro a duro) o dar el coñazo en casa para que mi padre diese su brazo a torcer y se retratase. Tiempo después de montadas me dio por pintar las figuras y alguna impedimenta, como los cascos y sacos que llevaban, con vulgar pintura esmalte. No fue hasta mucho después que descubrí que había pinturas como Humbrol y que podía usar los pinceles del colegio.

viejasmaquetas3El Sturmgeschuetz (sic) IV resultaba chulo con esas protecciones a los lados. La maqueta venía sin embolsar e incluía un folleto de la casa con otras maquetas de la colección. Curiosamente, las dos figuras fueron replicadas por ESCI a escala menor en su Panzer IV a 1/72. Por toda la cara.

viejasmaquetas4Este Grant de las Ratas del Desierto quedaba muy molón con su comandante asomando por la escotilla de la torre. No hubo manera de que el cañón más grueso quedase en posición horizontal, siempre quedaba hacia abajo como rindiéndose.

viejasmaquetas5Estas cuatro aparecían en el mentado catálogo y quedaron para siempre lejos de mi alcance físico y económico. Cómo me gustaban los bichos raros… De estos cuatro hubiese dado buena cuenta si se hubiese presentado la ocasión.

 viejasmaquetas6Mi primer avión. El veterano S.M.79 de Airfix. Me gustó tanto el tamaño de esta escala, que tenía la ventaja de poder almacenar más maquetas similares, que aún sigo dándole al manubrio. Resultaba bonito el trimotor con su ametrallador que semejaba un buzo rezando con las manos juntas, pero la maqueta tenía unos encajes terribles, aunque yo tampoco era un manitas precisamente, sino más bien todo lo contrario, un manazas. Creo recordar que en esta me pasé por vez primera al Supergén, aunque seguí usando el Imedio (que llamaba Imierdo, por los hilos y pompas que dejaba y lo fácil que se despegaba todo) en otras maquetas. El Supergén, fabricado a base de caucho, sí que resultó bastante más Imierdo que el original, aunque la unión quedaba relativamente más firme. Así lo recuerdo al menos. Aunque no la pinté, como no pintaba ninguna, no le sentaba mal aquel azul celeste del plástico.

viejasmaquetas7Mi padre viajaba mucho y trabajaba largas horas. En ocasiones lo único que notaba de su presencia en casa era el ruido del agua en el lavabo antes de amanecer y la llegada de madrugada de su Renault 12 con el típico raaac del freno de mano, que él echaba de manera singular. Para entonces yo estaba en cama medio dormido ya. Una noche apareció con este Hurricane de Monogram que no sé de dónde sacó. Resulta que es el único avión a esta escala que he hecho. Me gusta recordarlo por quien me lo dio y porque el Hurri se portó muy bien en el montaje. El plástico era grueso, pero bien moldeado. Me encantaron las ruedas y esas ametralladoras tan bien hechas asomando por las alas. No recordaba las escarapelas horriblemente descentradas, pero ¿qué era eso comparado con el rótulo del morro que rezaba The Last of the Many? Me lo tradujo mi primo Ico, que sabía más inglés y era bastante más golfo y tarambana que yo, dónde va. Él no lo ha sabido nunca, pero en parte me presentó musicalmente a los Rolling y desde entonces me dije que también tenía que escucharlos algún día cuando tuviese su edad y llevase el flequillo y las gafas de Lennon como él.♦

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6 comentarios

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6 Respuestas a “Las viejas maquetas (I)

  1. Como es habitual, muy interesantes tus reflexiones, sensaciones ciertas y con el gracejo característico. Que pase usted unas Felices Pascuas.

  2. Mario Gabás Ruiz

    Que recuerdos de algunas maquetas…las mias fueron un M-60 de Esci a 1/72,que en mi inocencia de la época pensaba que era un King Tiger,y de aviación un A-20 Havoc de revell a 1/72,recuerdo que tenia partes moviles y lo que mas me gustaba era los puestos artillados que tenia la maqueta…Tengo que hacerme el que tengo por aquí en recuerdo de esa época.
    Yo por edad las maquetas de Monogram de carros no las conoci,y las de bandai a 1/48 tampoco,aunque si la reedicion que hicieron años después bajo la marca Fuman,antes del Boom de la 1/48 en vehículos militares,eran maquetas muy completas y con todos los interiores.
    La maqueta del Sparviero si que la conoci pero con las cajas que hacia Airfix a finales de los ochenta, y principios de los 90 en las que salía el avión sobre un mapa…Que tiempos!!!
    Muy buenas reflexiones Jesús!!!

    • Claro…es que yo soy de una edición anterior a la tuya, 😀 Y precisamente estuve pensando si poner eso que comentas de los carros a 1/48. Mira por dónde tantos años después se vuelven a poner de moda gracias en mucha parte a Tamiya (otra marca japonesa como Bandai). Parece que la historia se repite.

  3. Yo tengo marcadas las tres primeras.
    La primera fue un Bismarck (supongo que de fujimi, no recuerdo la marca) que me emperre que me regalasen por mi 7 cumpleaños, pero ni el de la tienda ni (cosas de la no existencia de internet) mis padres me dijeron que venia “roto”, menudo disgusto para el cumpleaños
    Unos años mas tarde compré un bf-110 de Revell a 1/144 esta vez si que sabia lo que compraba, por que lo hice en una tienda especializada que había de camino al cole
    La tercera fue un Brewster buffalo de Airfix a 1/72, la compré y como todo el mundo la monté sin pintarla allá por el 92, unos años después (96/97) apareció en el fondo de un cajón, así que la pinté con los colores americanos de preguerra. mientras hacia la mili en Jaca (1999/2000) me compre un pulverizador que iba con un bote de aire comprimido, así que probé con el buffalo, pero los botes eran caros y gastaba mucha pintura así que me olvide del tema.
    El puñetero Buffalo reapareció hace pocos meses en una caja en el desván sorprendentemente entero (que vea solo le falta una antena) así que se fue para la estantería
    Pintar no lo pinté muy bien, pero pegar lo pegué a conciencia

    • Vaya, tú no tienes un Buffalo, sino un trasgo enano en forma de avión que aparece y desaparece cuando le da la gana. Vaya vidilla se pegan algunas maquetas… 🙂