Imaginaria: Intermedio literario

Hoy no voy a escribir de maquetas, marcas, moldes ni sobre nada referente al modelismo. Hoy, día de tanta hipocresía envuelta en almíbar y coronación del comer, beber y gastar sin sentido, toca algo diferente y descansador para el lector que quiera huir de la barahúnda de mensajes, llamadas y correos con deseos insinceros de felicidad y albricias. En definitiva, de huir de lo de siempre.

Es más, no voy a escribir, sino a transcribir un fino e irónico artículo de Julio Camba publicado allá por los años 20 del pasado siglo. Camba fue paisano de Valle-Inclán por nacimiento, aunque no por edad. Su figura quedó olvidada a conciencia en España con la llegada de la democracia a finales de los años 70, por ciertas simpatías con el régimen anterior. Si bien fueron verdad dichos guiños, no lo es menos que, como Azorín, fue un conspicuo anarquista en su juventud, periodo de su vida en el que le dio tiempo a ser expulsado de Argentina por propalar estas ideas, fundar un periódico obrero y llegar a ser interrogado por la policía debido a su vinculación con el también anarquista Mateo Morral, el del famoso atentado contra Alfonso XIII el día de la boda real en mayo de 1906. Como buen izquierdista español (y cabría decir mundial) pasado al buen vivir, Camba, que de tonto tenía lo justo,  vivió más de una década hasta su muerte en la habitación 383 del Hotel Palace de Madrid.

SOBRE LA JUSTICIA

Yo también he estado enamorado de la Justicia. La conocí en el taller de un escultor amigo, hace ya bastantes años, cuando el mundo era todavía joven para mí. Con una venda sobre los ojos por todo indumento, ¿quién al verla no se hubiera prendado de sus encantos? Por cierto que el simbólico atavío de que se revestía la muchacha, favoreciendo el espíritu emprendedor y desarrollando la iniciativa de sus admiradores, solía dar origen a graves incidentes, y más de una vez la balanza de la Justicia se abatió de un modo violento sobre nuestras cabezas. ¡Para que usted sonría, querido lector, cuando oiga hablar de la austeridad de la Justicia en España! Yo le aseguro a usted que, en mis tiempos, la Justicia era incorruptible, y eso que apenas si ganaba un duro por tres o cuatro horas de pose. Su padre, un personaje calderoniano que no necesitaba, como los personajes de Pirandello, echarse a andar por esos escenarios en busca de autor, había convertido en profesional la categoría paternal, y todas las tardes se presentaba en el taller para recoger a la chica y llevársela consigo, después de haberle quitado la venda y el dinero. La Justicia era pobre, pero honrada. Su balanza, procedente de una tienda vecina, tenía el fiel bastante destartalado; pero nuestra pequeña deidad no admitía bromas que pudieran poner su honor en entredicho.

Sí. Yo también he estado enamorado de la Justicia. Luego, la excelente chica engordó y, ya un poco ajamonada, me la encontré años después en otro taller, con la cabeza cubierta de espigas, en representación alegórica de las faenas del campo.

-¿Cómo te gusto más?- me preguntó– ¿De Agricultura o de Justicia?

-Hija mía- le dije-: cuando se tiene alguna aspiración política no se pueden hacer ciertos distingos. Yo soy un enamorado de la Justicia; pero siempre he sentido un gran interés por la Agricultura, base de nuestra vida económica.

– ¡Pues si me hubieras visto de Navegación, con una rueda en las manos!…

-¿De Navegación?- exclamé-. Nosotros somos un pueblo eminentemente marítimo, y todo lo que contribuya al fomento de la navegación me inspirará siempre la mayor simpatía. Celebro mucho tus aficiones a la Navegación.

-¡Qué quieres! Hay que estar a lo que salga –dijo la chica-. La semana que viene voy a hacer de Ciencia con cartabón y un compás. ¿Qué te parece?

-Me parece excelente, porque la ciencia es el progreso, y el progreso es la vida, y donde no hay vida no hay progreso, y donde no hay progreso no hay ciencia. Yo amo la Ciencia, y el Arte, y la Agricultura, y la Justicia, y la Religión, y el Comercio, y la Caridad, y la Navegación, y la Patria, y el Cinematógrafo. Ven, hija mía; ven y déjame que abrace en ti a todas estas grandes manifestaciones de la actividad nacional.

Y al caer entre mis brazos, la chica, entusiasmada, murmuró:

-¡Qué bien hablas!♦

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Imaginaria: Intermedio literario

  1. Mario Gabás Ruiz

    Hay ciertas actitudes que son perennes en el ser humano,y a dia de hoy siguen pasando,eso si vestidas de aires mas modernos.

    • Pues a mí es eso precisamente lo que me gusta del tema: comprobar qué poco ha cambiado el coco humano y cuánto la técnica y la civilización en general.