In memoriam: Rafael de Cózar

fotoautorAún conmocionado y triste por la trágica muerte de Rafael de Cózar, Fito para los que fuimos a sus clases de la Facultad. Lo recuerdo en el aula con su impenitente Ducados en ristre (entonces se podía humar en cualquier lado) para subrayar con ágiles giros su discurso, que versaba sobre literatura española del Mio Cid a la Celestina. Nos hablaba del misoginismo de El Corbacho, del Laberinto de Fortuna, de las Cantigas de Alfonso X, saltando por analogía a la época de Teresa de Jesús, a la que apeaba el “Santa” porque, decía, “es santa para la Iglesia, pero no para la Literatura”. Al llegar a La Celestina nos explicó el por qué y el cómo del plan de la alcahueta para que Calixto se “cepillase” a Melibea. Usando el “cepillado” transgredía el aire y se aproximaba a las mentes juveniles que le escuchaban, porque Rafael era a la vez biunívoco y biyectivo, un vanguardista en la vida y un clásico en el trabajo.

Lo recuerdo bajito y escueto en sus primeros treinta años, con su andar ligero y nervioso, los libros y apuntes en la mano y un gran manojo de llaves colgados con un mosquetón por fuera del pantalón que le daban el toque rítmico a sus andares, yo le apodaba “el amo de llaves de la Facultad”. Fito vestía jersey de cuello vuelto en invierno y chaleco sin mangas como los de los vaqueros del Oeste en entretiempo. También gastaba barba a la Souvarov que le daban aire de haber estado en Jartum con el general Gordon. Al final los extremos se tocan y la vaguardia se retuerce hasta tocar la retaguardia.

Aquel año fui a la presentación de su antología de narradores andaluces actuales (de entonces) en la biblioteca pública de la calle Alfonso XII. Magnífica noche de otoño, lleno hasta la mitad, mala iluminación, ningún compañero de clase y Rafael con su hablar quedo y envolvente, el mismo del aula. Ni un duro para comprar el libro por entonces (mi padre en paro y no había para dispendios), pero lo encontré de saldo muchos años después rebuscando en librerías de viejo.

En la revista de la Facultad, de la que consevo algún número, descubrí que Rafael era también pintor, pintor de palabras. Me gusta la gente que borra las fronteras y transgrede los límites entre conceptos y artes. Él no era como otro histriónico de su mismo departamento, que realizaba supuestos “happenings” culturales en la Plaza de la Gavidia con váteres y globos con motivos poéticos para perturbar a los viandantes y que resultaba ser, además de tontolhaba, un profesor horrendo.

Como siempre ocurre en estas circunstancias, jamás se me habría ocurrido pensar que Fito iba a tener tan trágico destino. No lo hubiese creído aunque lo profetizase el mismísimo oráculo de Delfos (que también metía la gamba en días alternos). Después de apagado el fuego que quemó casa y biblioteca, ahora que no está, ojalá renazca cada día su memoria, como el Ave Fénix, de las llamas.♦

rdecózar

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3 comentarios

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3 Respuestas a “In memoriam: Rafael de Cózar

  1. Mario Gabás Ruiz

    No he tenido el placer de conocer a esta persona pero por lo que comentas Jesús debio de ser una extraordinaria persona,descanse en paz y mas sentido pesame

  2. Mario Gabás Ruiz

    Uff…pues si ya es terrible cualquier muerte en estas circnunstancias todavía mas,lo dicho,mi mas sentido pésame!